Un alguacil en Moca, un notario en San Cristóbal, un colega en Río San Juan. Lo que más se pregunta en los grupos y lo que peor se responde: un contacto.
Este directorio empezó vacío, y ése es su único mérito de salida.
Los nombres, los teléfonos y los números CODIA que circulan por los grupos de WhatsApp son datos personales de otras personas. Copiarlos a una base y publicarlos sería hacerlo sin permiso: nadie que mandó su número a un grupo de doscientas personas consintió aparecer en un directorio abierto.
Aquí no se copió a nadie. Se llena de una sola manera: cada quien se inscribe si quiere, elige qué se ve de él, y se borra cuando quiera sin dar explicaciones ni esperar a nadie.
El teléfono es opcional. Puede publicar sólo su nombre, su provincia y su número CODIA. El correo no se publica nunca: es la llave de su baja y sirve para el repaso, y no sale en la búsqueda por ningún camino.
Con su correo, al momento. La ficha se borra, no se oculta ni se archiva «por si acaso». Es la contrapartida de pedir datos personales, y por eso está en la misma pantalla que el alta y no escondida en un aviso legal.
No verifica títulos ni colegiaturas. No tiene forma de hacerlo. Cada ficha la escribió la persona que aparece en ella, y el número CODIA que figura es el que ella declaró — la herramienta lo dice en cada ficha en vez de presentarlo como comprobado. No es un registro oficial y no está afiliado al CODIA ni a la Dirección Nacional de Mensuras Catastrales.
Nada se publica sin un repaso a mano. Sin él, esta herramienta sería una forma cómoda de publicar el teléfono de un colega sin que se entere.
Buscar es gratuito y no pide registro. Inscribirse tampoco cuesta nada. Esta página no se indexa en buscadores: una cosa es que un colega le encuentre y otra que su teléfono salga en Google.
Del análisis de las consultas reales de los grupos: nueve mensajes en cinco días buscando un contacto, y uno de ellos repetido tres veces en dos días y en dos grupos porque nadie contestó. Fue el tema operativo más repetido de todos, por delante de la normativa y de los precios.
Y fue la última en construirse, precisamente por eso: era la única cuyo problema no se resolvía programando. Lo que decide si esto sirve no es el código, es cuánta gente se dé de alta.
Un directorio detrás de un muro no lo consulta nadie. Ni cuenta, ni correo, ni pago.
De quien sólo busca no se guarda nada: nada que mirar después. De quien se inscribe se guarda lo que él escribió, y sólo hasta que pida la baja.
Aparecer aquí no es un aval. El orden de los resultados es alfabético, no un ranking, y no hay posiciones que se puedan comprar.